Abrimos Podemos. O cerramos.

Jorge Dodero @jorjantonio (publicado originalmente en el blog “Aprendiz de ingenuo“, el 18 de junio de 2015).

Recientemente he sido uno de los firmantes de un manifiesto (abriendopodemos.org) que ha generado cierta polémica, de una manera que no esperábamos la mayoría de quienes firmamos.

Porque el manifiesto, tras el que hay un grupo muy plural, con posiciones muy diferenciadas, no plantea, por esa misma razón, una posición definida, una solución, sino que pretende abrir el debate, o mejor, hacer visible un debate que ya existe y no podemos soslayar, ni cerrar en falso.

Cada uno determina su posición teniendo en cuenta el espacio y el tiempo en el que le ha tocado moverse. Por eso, mi posición en este debate está determinada por mi experiencia y mi percepción de la misma.

Pareciera, grosso modo, que ante las próximas elecciones generales existieran dos posiciones enfrentadas entre las que habría que optar:

– por un lado, quienes defienden que Podemos ha de presentarse solo y con su marca, abriéndose, en todo caso, a incorporar en su lista a personas externas a Podemos que quieran incorporarse.
– Por otro, quienes defienden que hay que abrirse a construir una candidatura de convergencia, de la que Podemos ha de formar parte junto a otros actores sociales, como uno más.

No es tan simple pero creo que así se entiende. Mi postura es que las dos posiciones parten de presupuestos equivocados y por tanto son difíciles de llevar a cabo.

La mayoría de la gente daría por cierta la expresión de que “un cuerpo humano desnudo es más hermoso que un cuerpo humano vestido”. Pero la expresión sólo es cierta si nos movemos entre modelos ideales; en la realidad, la mayoría de los cuerpos humanos son más hermosos vestidos que desnudos; sólo algunos cuerpos humanos podrían superar la prueba de exponerse desnudos. Algo parecido les ocurre a estas posiciones.

La primera (Podemos solo, abierto a otros) parte de un Podemos ideal, en el que no puede ser sino apetecible entrar. Si así fuera, sería razonable pensar en utilizar una marca ampliamente conocida y reconocida como aglutinante de todos los que están por un cambio de situación a favor de las mayorías. La cuestión es que si desnudamos a Podemos, ya no es tan hermoso. Lorzas en la participación, michelines en el funcionamiento, flaccidez en los contenidos; con ese cuerpo las posibilidades de atraer a muchos son escasas.

La segunda (Podemos convergiendo con otros) también parte de unos modelos ideales de confluencia (municipales) que desnudados tampoco llegan a ser tan hermosos como para que sea preferible a mantenerlos vestidos. Hay en muchos de ellos mucho sectarismo, mucho fundamentalismo y mucho adanismo, que hace muy complicado caminar juntos.

Como yo lo veo, desde mi rincón, Podemos no puede ganar si se presenta solo, a menos que se abra para incorporar a cuanta más gente sea posible, pero para abrirse primero debería mirarse bien por dentro, cambiando algunas actitudes, para lo que sólo es preciso reinterpretar acuerdos y decisiones tomadas en una coyuntura distinta y con menos información de la que ahora tenemos.

Concreto: las listas planchas son democráticas, legítimas y algunos calificativos positivos más; pero desaniman, cierran el partido, crean clientelismo interior, y tienen buena culpa de la sangría que sufrimos. Otro: la elaboración de programas participativos es compleja, a menudo caótica, y arriesgada en cuanto puede dar lugar a planteamientos incoherentes o inoportunos; pero lo contrario (porque no hay termino medio, o se participa y lo aportado se tiene en cuenta, o no se tiene en cuenta y entonces no se participa, como mucho se colabora), la elaboración del programa por un grupo de “expertos” (desengañémonos, eso no existe) aleja a los “antes llamados militantes” y los desmotiva porque se sienten mano de obra gratis para las campañas, sin otro cometido.

Abrir Podemos, por tanto, ha de ser primero abrirlo en su interior para que sea un lugar confortable al que invitar a otros a visitarnos, es decir, a entrar y salir, y volver a entrar y de nuevo salir, según las circunstancias, sin necesidad de asumir la ideas o las costumbres del anfitrión, ni, por supuesto, obligar al anfitrión a cambiarlas.

Podemos nació, al menos yo lo entendí así, con el propósito de lograr un lugar de comunión, es decir, de puesta en común de lo que cada uno puede aportar para encontrar lo que une. A diferencia de una “casa común”, en un lugar de comunión no se habita, no se permanece; se acude cuando la coyuntura hace necesario acumular potencias e intercambiar poderes para un propósito compartido.

No lo estamos haciendo bien, y estamos construyendo una casa más que ni es común ni es de comunión. O reformamos el invento o sólo seremos eso, un lugar más en el que habitar.

Tampoco creo que la solución sea coger nuestra caravana y junto a otras caravanas montar un campamento al que llamemos convergencia, unidad popular, o lo que nos plazca. Eso ya lo hemos intentado y no ha resultado, y los nuevos protagonistas no han dado muestras de un carácter tan distinto que vaya a hacer que el resultado sea distinto.

O hacemos de Podemos ese lugar de comunión, o tenemos que hacer otro intento. Para lo segundo, no creo que haya tiempo, de modo que, o hacemos lo primero, o estamos perdidos.

Contra la convergencia fuera de Podemos, reconozco que mi oposición es fruto de mi experiencia, y en cierto modo, de un cierto agotamiento de la generosidad. Hemos creado Podemos y hemos invitado a todos a entrar para participar. No quisieron, por razones muy diversas: es un partido, está promovido por los medios, es una estratagema contra IU, no es todo lo horizontal que me gustaría, no hace falta porque ya existe IU, no tiene mi ideología, etc. Muchos de esos ahora proponen crear un lugar de comunión en el que Podemos y ellos mismos deben diluirse. Habríamos ganado tiempo y ahorrado disgustos si hubieran participado al principio y hubiéramos podido hacer de Podemos ese lugar.

Mi esfuerzo va a ser por hacer de Podemos lo que creo que debe ser. Si no se consigue, volveré a mi casa, si la puedo conservar, a mi trabajo, si lo tengo, a mi familia, que la tengo desatendida y a mis vicios, si me los puedo permitir.

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