El abrelatas de Podemos. O Abriendo Podemos

Emmanuel Rodríguez @emmanuelrog  (publicado originalmente en Público, el 12 de junio de 2015)

La metáfora del “abrelatas” pareció venir al caso cuando los de Pablo Iglesias se presentaron —hace ya un año de aquello— como la única herramienta capaz de descerrajar el sistema de partidos. Metal contra metal, cuchilla contra cuchilla, Podemos se presentó entonces como el martillo que rompería el “techo de cristal” que no pudieron quebrar ni el 15M, ni sus posts: el movimiento de vivienda, las Mareas, el 25S.

Si hubo, o hay, en esta aclamación de Podemos una recaída en la “ilusión democrática”, y si es necesario empujar la discusión, con más razones de las que parece, hacia un marco distinto y externo a las elecciones, la representación y el Estado, lo acabaremos por descubrir en los próximos meses. De momento basta con reconocer que sin la energía social que empujó a Podemos, y que se expresó en el 15M, no habrá cambio. O dicho en palabras viejas: sin “movimiento no hay política”. Mientras tanto —siempre hay algún “mientras tanto”— parece que vamos a seguir teniendo que recurrir a Podemos, al menos si queremos que este sirva para lo que fue diseñado: ganar elecciones. El problema es que hoy el blindaje que hay que reventar no es sólo el del régimen, sino también la coraza que Podemos ha ido fabricando a su alrededor.

Ayer se presentó a la prensa y a la ciudadanía una iniciativa interesante: Abriendo Podemos. El manifiesto es una invitación a la reflexión sobre las elecciones del 24 de mayo y una apuesta “literal” por el desborde. Entre otras cosas, se pone de nuevo el dedo en asuntos que en estos meses se han querido dejar de lado: la vindicación de la renta básica como solución a la crisis de la relación renta / empleo, el impago de la deuda como mecanismo de sujeción social, la necesidad de reconocerse en un movimiento europeo y global que va más allá del Estado español y, sobre todo, la demanda de un proceso constituyente como único medio de forzar el cierre oligárquico institucional y abrir el debate sobre el modelo de Estado. Tomados en su conjunto, forman las líneas generales de un programa de ruptura democrática, otra de las muchas consignas que hoy se pretende resultado de un “debate tremendamente falso”.

Lo interesante de esta iniciativa, que hemos firmado muchos, es que su declaración de apertura (el “abriendo”) se reconoce para y dentro de Podemos, que se sigue considerando el vehículo electoral privilegiado a la hora de promover este programa de democratización. La necesidad de abrir Podemos no responde, sin embargo, a la urgencia o al escándalo que produce la falta democracia interna, sino simplemente al principio de supervivencia. El ser o no ser de Podemos se resume en pocas palabras: o su dirección entiende y acepta que la clave del ciclo político —lo que incluye el éxito electoral— es la participación, la apropiación capilar de los procesos, la replicación y adaptación sin permiso, o la vida posterior de Podemos será cada vez más parecida a la de una estrella mortecina, que alguna vez pudo brillar pero durante breve tiempo.

Podemos se enfrenta pues a una difícil tesitura: su diseño interno se ha convertido en un obstáculo para la prueba electoral que hoy se requiere. Aun con todo a su favor —800 asambleas locales, la simpatía de casi todos los actores comprometidos en el cambio, los activos políticos que no ha disfrutado ninguna organización desde los años setenta—, Podemos renunció en Vista Alegre a la construcción de una organización política: un “partido-movimiento” capaz de sostener un combate a medio plazo y recuperar por abajo lo que en el terreno mediático e institucional se iba a perder tarde o temprano. En su lugar, se impuso un partido-aparato hecho de liberados, secretarios, consejeros y hoy también unas decenas de diputados autonómicos.

Conviene insistir en los resultados de esta opción. El modelo Vista Alegre ha convertido la organización en un inmenso escenario dominado por más de ocho meses de batallas internas dedicadas a la elección de los órganos del partido, el empobrecimiento de la discusión política y el paulatino abandono de los círculos. Al tiempo, la dirección, encumbrada por la tesis del hiperliderazgo, se ha visto crecientemente golpeada y erosionada por el inevitable contraataque mediático.

Es imprescindible recordar también, que mientras el aparato perdía progresivamente el vínculo con las realidades sociales vivas, internas y externas al partido, a las que básicamente menospreciaba o ninguneaba, buena parte de ese mismo tejido se preparaba para enfrentar las elecciones que resultan más cercanas a los ciudadanos, los comicios municipales. La construcción de las candidaturas-movimiento municipales tiene una historia que en muchos casos es anterior a Podemos. Y se diga lo que se diga, los modelos más exitosos nunca fueron presididas por el partidos. De hecho, sólo en la recta final, después de poner demasiados obstáculos y sólo en algunas ciudades “probadas”, recibieron elplacet de la dirección, normalmente en forma de algunos mítines compartidos.(1)Sin embargo, ha sido ese tejido vivo y esas iniciativas las que, en sus formas más virtuosas —Marea Atlántica, Ahora, En Comú, Sí se Puede—, han salvado el ciclo electoral y con ello han marcado el rumbo a seguir.

A Podemos se le presentan unos meses cruciales en los que tendrá que decidir si aprende y muta, o se vuelve a plegar sobre sí mismo. En las próximas semanas, puede insistir en la tesis de lo que podríamos llamar: “25 de mayo de 2015, día uno del mes uno, del Año Cero”. Y remitir todo y cada uno de los avances políticos de nuestra era a los aciertos de la dirección. Ya sabéis la cantinela: las bondades del hiperliderazgo, la gran manifestación del 31 de enero, las candidaturas municipalistas / epifenómeno de Podemos, etc. Pero también puede pensar cómo va a ir a las próximas elecciones, tomar nota del 24 de mayo y abrirse a una serie de actores que no son Podemos, que no quieren serlo y que no se van a reconocer en esa organización. Es lo que ya ha dicho abiertamente Monedero y cada vez más Pablo Iglesias. Y lo que vienen pidiendo desde distintos lugares personalidades tan preeminentes como Anguita, Alberto Garzón y muchos más.

La cuestión reside, sin embargo, en cómo se va a realizar esta confluencia. La inercia empuja hacia la constitución de una fuerza trabada principalmente alrededor de la dirección de Podemos, pero acompañada de algunos de IU, Compromís, Iniciativa, Anova e incluso representación de las candidaturas municipalistas. Asistiríamos entonces a la anhelada “unidad de la izquierda”. Pero ¿cómo lograr que esta no acabe en una modestísima y probablemente impotente versión del frentepopulismo, esto es, en una nueva Izquierda Unida? El dilema radica principalmente en lo que estas partes pueden llegar a sumar, lo que inevitablemente nos remite al “cómo”. Valga decir que si la “confluencia” resulta en un pacto de despachos, acuerdos sobre “listas plancha preparadas para aprobación pleibiscitaria” y un proyecto tan anodino como el que hemos visto en las autonómicas, lo más probable es que la suma sea negativa, esto es, inferior al sumatorio de sus partes.

No es un asunto nominal. Aunque es preciso recalcar que la “marca” tiene un considerable desgaste, agravado si cabe porque Podemos no se ha querido construir mucho más que como una “marca”, realmente es indiferente si se acude con una fórmula “Ahora en Común” o con una del tipo Podemos guión “X”, al gusto de Monedero. La crucial es saber convocar, de una forma sincera, la “dinámica 15M”, el desborde democrático como método de composición de las candidaturas provinciales al Congreso y al Senado. Esta es la enseñanza del movimiento municipalista que no se deja reducir a una fórmula simplificadora –al modo del “hiperliderazgo” de Carmena y Colau, ¿valdría los mismo para Sentisteve y Ferreiro?–, cuanto a la articulación de espacios complejos de colaboración entre actores múltiples y plurales, que logren, desde la diferencia, reconocerse en un proyecto común. Sobra decir que en este terreno, los métodos de selección y decisión son cruciales, y que de algún modo tendrán que pasar por sistemas que garanticen pluralidad y capacidad de decisión a los elementos activos, única base para ganar lo que sea (incluidas unas elecciones), algo que Ganemos Madrid consiguió transmitir, no sin dificultades, a Ahora Madrid.(2)

Concluyendo, Podemos debe seguir siendo el abrelatas destinado a descerrajar el sistema de partidos, pero para eso tiene que ser creíble como una herramienta de todos y todas; y esto pasa por tomarse muy en serio el 15M o el propio éxito inicial de Podemos. Dicho de otro modo: la política de nuestro tiempo opera cuando se articula como un espacio abierto al desborde y la participación. Aviso para navegantes: aquellos experimentos que renuncian a estas dos condiciones acaban siendo no sólo vieja política, sino política ineficaz.

 

Notas

(1) Un apunte que conviene no olvidar: en Vista Alegre se renunció a ir las municipales por no “quemar la marca” y por desconfianza hacia todo lo que no se podía dirigir desde el Podemos-aparato. Por otra parte, las “candidaturas de unidad popular” que luego obtendrían mejores resultados (Guanyem, Municipalia-Ganemos Madrid, Mareas) estaban ya en marcha desde mucho antes de la Asamblea Ciudadana, en la mayor parte de los casos desde antes de las elecciones de mayo de 2014. No hubo pues ningún acierto estratégico en aquella decisión de apoyar las CUP: sencillamente no se podía controlar todo.
(2) Dos buenos artículos sobre la trayectoria de Ahora Madrid, que sólo comparto en parte, pero que tienen el mérito de destacar lo fundamental en el éxito de la candidatura son los del analista electoral de CTXT, “Diseccionando la confluencia madrileña” y el de Bernardo Gutierrez, “Bienvenidos a la era de los pospartidos políticos”.

4 Respuestas a “El abrelatas de Podemos. O Abriendo Podemos

    • 1) Minoría mayoritaria del Psoe
      2) Mayoría electoral de izquierda
      3) Gobierno en minoría del Psoe
      4) Apoyándose en la derecha. La cual, rápidamente le va ha traicionar.
      5) Antes que gobernar, con quien de entrada, le ofrece un órdago total
      6) En fin, desastre total

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